Diez años de acompañamiento telefónico

En acción. Los voluntarios atienden desde la sede del Centro de Promoción del Adulto Mayor (Cepram), que sostiene el proyecto (Matín Baez).

Se tratade la atención telefónica que realizan voluntarios para ayudar a los más grandes en su soledad. Ya registraron 3 mil llamadas.

El Centro de Promoción del Adulto Mayor (Cepram) está engalanado como para una fiesta aniversario. Y de eso se trata. Esta semana cumple 10 años el premiado acompañamiento telefónico a mayores (ATM), un servicio único en su tipo, del cual se sienten razonablemente orgullosos. 

En la sede de barrio General Paz, en la ciudad de Córdoba, dos líneas gratuitas atienden a personas grandes, con angustias y dificultades propias de la edad. Las llamadas son receptadas por un total de 30 voluntarios (25 mujeres y cinco varones, también grandecitos), que se ofrecieron y capacitaron específicamente para cumplir este rol. De lunes a viernes, ellos ponen el oído a las cuitas ajenas, convencidos de que es lo mejor que pueden dar. La experiencia demuestra que tienen razón. Al menos una de cada dos llamadas termina con un suspiro, una lágrima y el comentario que hace felices a los voluntarios: “Hablar con usted me hizo tan bien…”

Buena palabra

Si algo logró el Cepram, es no arrugar frente a la palabra “viejo” y devolverle su valor. La idea del ATM surgió en el año 2003 del propio director, Andrés Urrutia. “Él insistía con hacer algo por la vejez invisible, la que realmente está mal, porque acá viene la que está bien …”, rememora Blanca Córdoba, veterana comunicadora institucional.

El proyecto era francamente original. Ese mismo año obtuvo el aval del Programa Compás, de la Universidad Católica, a través del cual consiguieron una ayuda de la Fundación Telefónica.

Pero, hoy por hoy, los dos 0-800 son financiados por el Cepram. “Editamos libros, juntamos y vendemos papeles y cartones, hacemos rifas, lo que sea para poder solventarnos”, especifica Blanca. Trece mil comunicaciones en 10 años constatan el éxito de algo tan simple como levantar un teléfono, y tan complejo como saber hacerlo.

Resorte imprescindible

Los dibujos de Luis Fernández Alle y la actitud de los voluntarios y coordinadores revelan que el humor es esencial a todo emprendimiento solidario. Uno de los afiches conmemorativos consiste en un enorme auricular, sostenido por decenas de anónimos y minúsculos cuerpitos. El humor negro tampoco debe estar ausente. Por momentos, los voluntarios intercambian chistes dignos de un quirófano. Esto revela las tensiones que deben soportar.

Sin embargo, “muchas conversaciones empiezan en tono dramático, pero nos terminamos riendo cuando el o la que llamó comprenden que no era para tanto …”. La que reflexiona es Quica (73), que debutó con el ATM y conserva un temple fantástico (Ver “Una tarea compleja...” ).

“Es notable lo que uno aprende gracias a los demás”, continúa la prestadora de oído. “Por ejemplo, a no comportarse como un viejo de manual, ni andar dando lástima. Es común que las mujeres se quejen porque los hijos y los nietos no las visitan. Nosotros les contestamos, ‘¿por qué no va a usted?’, y ayudamos a restablecer los vínculos familiares”.

Precisiones

Con el aumento de la expectativa de vida, la sociedad se ha poblado de adultos mayores con carencias concretas. Una de ellas, la falta de comunicación. Desde sus cabinas, los telefonistas del Cepram pueden dar fe que “el dinero no es la principal preocupación”. Los achaques y, sobre todo, la soledad, afligen más que la falta de plata.

El ATM cumple una función muy puntual: aliviar, contener. La década transcurrida les sirvió para ajustar tuercas y refundar estrategias. Finalmente quedó en claro que, como la sigla lo indica, “es acompañamiento telefónico a gente de edad”. Y que se trata de un cable a tierra para quienes necesitan ser escuchados, por cuestiones anímicas. En otras palabras, el ATM no está para informar sobre jubilaciones o colocación de inyecciones.

“Aun así, derivamos bastante”, aclaran Marta (60) y Griselda (58). La primera empezó hace no mucho. “Durante años fui recepcionista de individuos que buscaban trabajo, y me dolía ver cómo mis compañeros los trataban con indiferencia, mecánicamente. Acá debuté atendiendo a una señora de 83 años, postrada por una operación. Todo lo que ella quería era desahogarse. Charlamos durante 15 minutos, al cabo de los cuales ¡me sentí realmente útil!”, concluye Marta.

Para comunicarse

Líneas. 0800-222-0304 y 0800-333-0304.

Días y horarios. La atención es de lunes a viernes, de 10 a 13 y de 16 a 19.

Duración. Máximo de 20 minutos por llamada.

Sede. David Luque 430, barrio General Paz.

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El texto original de este artículo fue publicado el 23/08/2013 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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