Una mamá aprendió informática para ayudar a su hijo

Mamá tecno. Laura Mercado aprendió a programar para ayudar a su hijo Maxi, que tiene dislalia. (Facundo Luque)

La dislalia del hijo fue el estímulo para buscar soluciones en la tecnología. Además, creó una red de empleo inclusivo.

La casa de Laura Mercado (34) –una madre joven que fue cambiando de profesión y llegó a convertirse en una apasionada por la informática– es, al mismo tiempo, una oficina, una juguetería y un hogar. Allí desarrolla sus ideas, cría a sus dos hijos y, cada tanto, se dedica a ordenar y a limpiar junto con Richard, su pareja.

Recientemente, fue reconocida por la empresa Telecom y por la Municipalidad de Córdoba durante la jornada “Historias que inspiran” por su participación en la plataforma Lingoo (“un Spotify de cuentos y relatos; una especie de radio on demand”). Pero además de la actividad que le valió este merecido reconocimiento, en su tiempo libre fue ampliando las facultades como programadora y tiene serios propósitos.

Pero comencemos por el principio. Esta mujer no es informática. No pertenece al mundo de los llamados “geeks”, que se pasan las horas haciendo chistes sagaces y se obsesionan con el mundo de las aplicaciones informáticas, con sus avances. En realidad, Laura irrumpió en ese mundo porque le hacía falta un trabajo.

Su amigo Emanuel Vilte, CEO de la startup de audios enlatados pensada originalmente para un público ciego, le pidió una mano con la selección y la edición de los textos que después eran narrados por una voz humana. Ella aceptó y comenzó a trabajar de manera remota cuatro horas por día. Era ideal para su profesión (casi profesora en Lengua y Literatura Castellana, pues aún adeuda unas materias) y por su condición de madre con dos hijos que requieren atención, sobre todo Máximo (8), que fue diagnosticado con dislalia (dificultad de articular las palabras).

“Empecé a mirar de qué se trataba el mantenimiento web de Lingoo y en el corto tiempo ya manejaba el lenguaje de programación python”, contó Laura sobre sus inicios. Tanto se sintió atraída por ese mundo de comandos que pensó a qué otros aspectos de su vida podría aplicarlo.

Como docente, se propuso llevar a cabo un ciclo de formación tecnológica al que llamó “Fenómeno Phi”. Se trata de un laboratorio tecnológico que creó junto con su socia (Agustina Paredes) y en el que niños y adolescentes diseñan y desarrollan dispositivos. Se forman en programación y en robótica, empleando Arduino y otros softwares libres. Asegura que las actividades fomentan la creatividad, la construcción colectiva del conocimiento, la reflexión, y plantean soluciones para problemas cotidianos o de gran escala.

No se quedó quieta. Al cabo de otro tiempo, pensó que sería de gran utilidad crear una aplicación que les permitiera a los pacientes con trastornos fonoaudiológicos (como su hijo Máximo) tener un registro sobre sus tratamientos.

“Se me ocurrió armar una plataforma para que Maxi se grabara y se escuchara después, y que la aplicación le marcara cuándo acierta y cuándo no para tener un registro de progreso”, contó.

Los problemas de su hijo le hicieron notar que, después de largos tratamientos con especialistas, no tenía una devolución sobre sus avances ni tampoco los detallaba. Ella piensa que una vez terminado, el software se podrá utilizar en pacientes disléxicos y con varios problemas del lenguaje.

Sus proyecciones están basadas en consultas con otorrinolaringólogos y con el equipo del consultorio que atiende a su hijo. También se puso en contacto con un grupo de investigadores del Conicet que se dedican a la fonoaudiología e investigan el desarrollo en adultos y en niños.

Paralelamente, la mujer lanzó una página web que llamó “Incluwork.com”. Se trata de una especie de Linkedin (la red social para entablar relaciones profesionales) dedicada a conectar a empleadores con personas que viven con discapacidades.

“La gente piensa que en internet todo es consumir, entrar a buscar cosas, jugar juegos. Yo me di cuenta de que se pueden crear soluciones para las personas; ahí fue el clic”, relató Mercado.

Incluwork es una página cordobesa, y la desarrolladora cuenta que lo que más les cuesta es que las empresas “se abran y entiendan que las personas con discapacidad tienen capacidades de sobra”.

En la actualidad, Laura persigue la conformación de la versión local de Mujeres en Tecnología, una agrupación que tuvo su origen en Buenos Aires (Chicas en Tecnología). “La idea es empoderar a las mujeres para que sus trabajos tengan lugar en el mundo de la tecnología, que está monopolizado por varones”, dice.

Buscan a una joven mamá y a su hijo

La Justicia pide información sobre el paradero de Talía Soledad Manrique (20) y de su hijo Luis Maicol (2), quienes faltan de su hogar desde el martes 16 de octubre. Son de barrio 16 de noviembre. Talía mide 1,60, es morocha, tiene cabello largo y pelirrojo. No tiene tatuajes y lleva un piercing en la nariz y otro en la boca.

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El texto original de este artículo fue publicado el 21/10/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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